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¿Qué es La Estación Prohibida?



Te presento una forma diferente de invertir esos pocos minutos que, tal vez, se pierdan a lo largo del día, para leer algo más, diferente o no, original o no, de tu gusto o no; detente un instante y lee; quizás regreses.





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Cego´slider

El viajante


El tiempo ya no se contaba por días, horas o minutos; las estaciones marcaban su reloj. Cuando caminaba pensaba: primera parada, segunda parada, tercera parada … y así todo el tiempo. Tampoco el espacio lo medía en metros; su distancia equivalía al recorrido que efectuaba un tren. Para el viajante el mapa y el calendario eran objetos del pasado, útiles tan solo para quienes dedicaban su vida a mirar el reloj, a calcular una distancia y el tiempo preciso y necesario para ser recorrida. El viajante sabía exactamente los metros y minutos que tardaba el tren en llegar a un punto, y su mente calculaba, como si de una unidad de medición temporal y espacial se tratase, toda su vida, todos sus destinos. Metros, relojes, mapas, calendarios … todo había quedado olvidado en el armario empotrado de su casa. Hasta el más rápido compás, hasta el imperceptible milímetro, todo, podía ser calculado a partir del tiempo y distancia que precisaba el tren en su viaje diario hacia la otra ciudad. Pero qué operación matemática tan perfecta era posible efectuar para hacer esto; a ojos de cualquier ser humano era inconcebible; para el viajante, sin embargo, hasta un mismo metro, o un reloj, contenían unas variables erróneas imperceptibles para el resto de personas.

Pasaron los años y el tren del viajante fue sustituido por otro mucho más rápido y que, además, no efectuaba algunas paradas con tal de llegar antes a su último destino. El viajante, tras mucho estupor, interpuso una demanda contra los responsables por obviar sus necesidades, pero la administración hizo caso omiso. El tren ahora era excesivamente silencioso. Qué triste le resultaba no poder escuchar el rodar del tren por los raíles.

Tras una semana, o lo que es lo mismo, tras doscientos cuarenta y tres viajes entre la tercera y la undécima parada, el viajante decidió subirse al nuevo tren. Aquel día subiría en la cuarta parada, ya que la tercera, la suya, había quedado suprimida. Cuando se dispuso a dar el paso cayó a las vías, pasando, un segundo después, el tren sobre su cuerpo. Falleció al instante.

Al día siguiente pude leer en la prensa que no supo calcular el tiempo que tardaba en llegar el tren desde que se daba el aviso por el altavoz. Este se efectuaba ahora antes para que los pasajeros pudiesen alcanzar a tiempo el rápido tren. Desde entonces todos los trenes deben tocar el silbato antes de llegar a la estación. Aún conservo la esquela que salió publicada junto a la noticia en el periódico. Dice:


A DON MIGUEL DÍAZ KÚSTER
D.E.P.
Todos los interventores le extrañan en cada trayecto.
Descanse en paz y que Dios le permita ver en el cielo,
pues en vida era ciego.

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