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¿Qué es La Estación Prohibida?



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Cego´slider

Capitalismo

El viajero se encontraba perdido en medio de la ciudad. Había bajado del tren sin saber por qué; sentía la curiosidad de conocer a aquella mujer de ojos amarillos. Dos calles posibles; tomó una y tras unos minutos caminando ahora estaba en una plaza, completamente vacía, sin gente, sin coches, sin nada. Casas muertas, puertas cerradas bajo llave, persianas bajadas. No había paisaje, desierto el horizonte y ninguna montaña. Era difícil comprender cómo había podido perder a aquella mujer. ¿Dónde se habría escondido?; ¿qué sucedía en aquella ciudad fantasma bajo el sol de mediodía? Conrado no sabía cuánto podría tardar el próximo tren, ni siquiera si lo había, pero no le importaba pasar la noche a la intemperie con tal de poder ver de nuevo a la mujer dorada.


De repente una sensación extraña de sed le asoló por completo; buscaba entonces una fuente. Recorridas cada una de las calles de la ciudad, tras una larga hora, llamaba de nuevo a cada puerta con la única respuesta del silencio y un Sol arrollador que a cada minuto le dejaba aún más seco. Pasaban las horas y seguía la batalla entre Conrado y el Sol; solo un vencedor posible, al menos hasta la noche. Caminaba cada vez más cansado, más lento, más sediento y sentía cómo la muerte le acechaba a cada paso. Dos calles seguidas, giro a la izquierda y otra calle; subida, bajada y subida; paso más lento aún y las manos sobre las rodillas; giro de nuevo a la izquierda y ahora bajada; tres pasos más y se desplomó al instante, seco por dentro y con la certeza de quien presiente cerca su final. Conrado sentía ahora el Sol aún más fuerte, como si en cuerpo se le acercase, y entonces apareció la mujer dorada. –Soy la hija del Sol– dijo; –¿eres tú acaso el hijo del Agua?– Y Conrado se secó del todo. Sonaba entonces el tren que pasaba.

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