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Machismo

Las persecuciones no entienden de moral, mucho menos de civismo y transgreden cualquier tipo de ley física y temporal en lo que al conocimiento de lo sucesivo se refiere. Se produce una combinatoria química de imposible disolución: un objetivo y un modo de conseguirlo. No importa la constitución física del huidor, tampoco su habilidad en el manejo del volante o en la carrera de obstáculos. A mayor distancia recorrida mayores serán los impedimentos encontrados, pero solo acontecerán como vagos lugares comunes, fotogramas prescindibles de la película, fragmentos de la novela que nunca pasarán el corte del editor y, contra toda lógica del discurso y de su exposición ordenada, significarán los instantes de mayor tensión, donde no dejar el marcapáginas para irse a dormir, justo donde nos meterán la maldita publicidad – cada vez mejor que los programas que se emiten, todo sea dicho–. Pero analicemos la persecución y el motivo de inclusión en el entramado argumental. ¿Por qué una persecución ahora? Hay un único motivo a escoger entre dos; o bien la acción es tan pésima que el autor-creador se ve obligado a incorporarla, o bien al huidor le ha de suceder algo por necesidad.  Ninguno de los dos casos nos interesa, pero el segundo merece un análisis pormenorizado. El huidor puede ser hombre o mujer; si es hombre puede ser a su vez huidor o fugitivo; en el primer caso siempre saldrá con vida, en el segundo siempre acabará atrapado por "los buenos"; en el caso de ser mujer siempre será huidora, siempre acabará atrapada, violada, vapuleada, asesinada y hasta descuartizada y jamás por ningún logro de quien delinque, sino por el gran, obvio, esperado, lógico y repetido hasta la saciedad lugar común de LA CAÍDA; sí, toda mujer huidora cae, y siempre sabemos que va a caer, observamos y leemos deteniéndonos solo en el suelo, en pendiente, resbaladizo, una rama, el tacón que se rompe, y hasta un curioso plátano que aparece en medio del desierto, todo con el único objetivo de hacer caer a la huidora, algo que, antes de que comenzara la persecución y como explicación a la transgresión que indicábamos al comienzo, todos y cada uno de nosotros ya sabíamos que iba a suceder. Así que votemos por la creación de una ley que impida hacer caer a la mujer y que, como discriminación positiva, haga que el hombre sí tenga que caer, aunque sea absurdo, aunque la rama salga del cemento, aunque nadie le persiga. Porque solo se conseguirá una verdadera igualdad cuando el hombre haya caído tantas veces como ella, porque – seamos sinceros– siempre se nos escapa una leve sonrisa cuando en la sección de sucesos encontramos que es una mujer quien ha matado al hombre.

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