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¿Qué es La Estación Prohibida?



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Cego´slider

Separación de poderes

La mecánica destructora que habían alcanzado se llevaría por delante a cualquier mortal que jugara a ser más fuerte que ellos. Era el único deseo de Daniel, derrotarles como fuera, con honor en el campo de batalla o por la espalda, de noche, en cualquier callejón de la ciudad inmensa, como un cobarde. Despertar y no saber nunca más de ese trío de sinvergüenzas charlatanes que hacía de su discurso el mejor ejemplo de demagogia existente, desde el primer café hasta el último twit del día, riéndose de todos y creyendo al mismo tiempo en la inconsciencia del oyente. Pero Daniel siempre había sabido leer entre líneas, contrastar cada información que recibía y, sobre todo, analizar a la perfección los pies de sus objetivos, a fin de conocer de cuál de ellos cojeaban. Por contra aquel trío parecía vivir bajo un aura infranqueable y nadie conseguía hacerles siquiera tropezar; todo aquel que pudo haber conseguido algo sucumbía a sus encantos y, de la noche a la mañana, pertenecía a su selecto grupo. Cada detractor, y los  había a miles, iba cayendo poco a poco, ralentizando su marcha disimuladamente y, cuando la fatiga les poseía las entrañas, le brindaban el néctar de la eternidad, la chispa de la vida, el amor único y verdadero. Se decía, o al menos de eso intentaban convencer a todo conciudadano, que gracias a la tríada la libertad estaba a salvo, sus derechos siempre se verían protegidos y que todos, absolutamente todos, serían iguales ante la ley. Daniel estaba en lo cierto; se había vendido un producto defectuoso de fábrica y que, en vez de cambiarlo por otro, se estaba reparando constantemente y con demasiada costumbre, convirtiéndolo en un conjunto de retales y chatarra cuasi inservible. Nadie podía con la tríada y Daniel, tarde o temprano, se acabaría uniendo a ellos. Ejecutivo, legislativo y judicial; así creo recordar que se llamaban. 

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