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¿Qué es La Estación Prohibida?



Te presento una forma diferente de invertir esos pocos minutos que, tal vez, se pierdan a lo largo del día, para leer algo más, diferente o no, original o no, de tu gusto o no; detente un instante y lee; quizás regreses.





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Cego´slider

Compasiva flecha ilustre

Se le habían reservado dos instantes a la semana para el gozo y disfrute del Edén. El acto consistía meramente en la observación y constatación de la belleza del ente, permitiéndole recordar con exactitud las partes de las cuales se componía y de este modo garantizar su recreo durante los días que, agonizando, esperaba de nuevo su siguiente visión. El elegido adornaba su apariencia para, ingenuamente, intentar cautivar al Edén y así que este se viera obligado a desearle del mismo modo. Cualquier intento se veía interrumpido por la fatalidad y le condenaba a intentarlo con mayor insistencia, cayendo a más velocidad aún y multiplicando proporcionalmente al esfuerzo realizado el dolor que sentía al golpearse contra el suelo. Enfermizo regresaba una y otra vez y el Edén únicamente le devolvía la mirada, la sonrisa, las respuestas como vaga excusa de conversación durante el tiempo que debían estar juntos. El elegido poseía a su vez su propio jardín; era sencillo pero su dedicación se alargaba en el tiempo mucho más allá de la mayoría de edad del Edén; jamás le había decepcionado y se habían correspondido desde entonces sin más dificultades que la hoja seca que cae de la hiedra en otoño. Pero aun así, detrás de todo, después de tanto, el jardín parecía tan solo una simple flor en las últimas horas de su esencia. No era necesario sublimar ni un ápice la belleza del Edén, le tenía cautivado; sabía que, tarde o temprano, debería tomar una decisión, tan difícil como dejarlo todo por una apuesta perdida de antemano e imposible de ganar, quedarse solo, sin rumbo, sin raíz que le atara a ningún mundo real, observando cómo se quemaba el jardín mientras el Edén sonreía por haber hechizado a un elegido más, haber perdido a quien tenía para siempre a cambio de poder observar sin culpa a quien jamás poseería, un simple castillo plateado con la puerta a medio subir.

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