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¿Qué es La Estación Prohibida?



Te presento una forma diferente de invertir esos pocos minutos que, tal vez, se pierdan a lo largo del día, para leer algo más, diferente o no, original o no, de tu gusto o no; detente un instante y lee; quizás regreses.





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Cego´slider

Si no hay fin del mundo

En el encuentro con lo ajeno anónimo solo se muestra el rostro falso. El maquillaje esconde el defecto y ensalza la virtud, adulterando el producto final que se presta prohibido. En el encuentro con lo ajeno conocido no se muestra rostro alguno, sin maquillaje, sin cuidado, sin pretensión; se espanta a la luz que se acerca y se adora a la sombra. Cuando el ajeno se te brinda conocido y desea ser poseído te regala el verdadero rostro, auténtico en su forma y su reflejo, con todos los pigmentos y sin ellos, con todos los defectos convertidos en virtud. El ajeno deja de ser ajeno y su rostro se olvida; pero hasta entonces, cuánto se ensalza aquel rostro, cuánto se extraña el no verlo.

Si esperas al viento que pase
y buscas la noche en el Sol,
si cuentas las horas por días
y el frío te arde por dentro,
entonces
deja de buscar en los reflejos.

La tarde no llega, el tiempo no alcanza, no se revisten de oro suficiente los recuerdos que vendrán mañana cuando la noche separe lo que el azar pretende reunir. Se cercena el instante mutuo para convertirlo en fortuito encuentro, breve, instantáneo, fugaz. Cuando se encuentra se sigue buscando y nada le sacia más que la búsqueda inútil. No se puede olvidar lo que no se retiene, no se puede echar en falta lo que no se recuerda, no se puede desear lo que no se ha extrañado.

Si esperas que el beso regrese
y buscas la noche en su voz,
si cuentas tus fracasos en vida
y su olor te invade por dentro,
entonces
deja de buscar en los recuerdos.

Pasarán más días de los deseados. El tiempo te invita a olvidar o mitigar al menos el pensamiento cuasi obsesivo. Los luces se apagan, los cabellos idénticos de la calle ya no son tan exactos todos, su rostro ya no es aquel. Y a su vez el tiempo te castiga convirtiendo en eternidad la espera y fugaz el reencuentro. La memoria, por contra, es su antagónica; convierte en eterno un instante y en fugaz toda una vida.

Si esperas que el verso revele
y buscas su rostro aun sin luz,
si cuentas tu miedo al sentirla
y su voz te desnuda por dentro,
entonces
tumba las paredes, rompe los cristales
y grítale al silencio;
entonces
brega contra el agua, lucha contra el aire y
pelea contra el fuego;
entonces, y solo entonces,
borra tu memoria, corrige tus errores
y ríndete a su cuerpo.

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