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¿Qué es La Estación Prohibida?



Te presento una forma diferente de invertir esos pocos minutos que, tal vez, se pierdan a lo largo del día, para leer algo más, diferente o no, original o no, de tu gusto o no; detente un instante y lee; quizás regreses.





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Cego´slider

Aquella vez

Le pesaba el tiempo como a cualquiera nos pesa la culpa, el rencor común, la intolerancia típica a lo que nos es contrario. Caminaba en el exceso y se encontraba a menudo con sus miedos más internos, en la inmediatez de la noche, cuando el día no es suficiente y los adioses se encadenan hasta la soledad de la cama. Cada mañana, sin embargo, olvidaba los deseos de la noche anterior, se ceñía su orgullosa coraza y proseguía con su cotidiano deshacer de la vida, hendiendo los cuerpos ajenos con el filo atroz de cada improperio, ideado desde la maldad más absoluta para infringir el mayor daño posible y compartir su dolor. – Es un pobre desgraciado– solían comentar de él. Acostumbraba a ir solo y si alguien osaba caminar a su lado apenas duraba unos minutos antes de huir espantado. No permitía que nadie se le acercara, temeroso de poder amar otra vez a alguien y cometer de nuevo el fatal error de aquella vez: haberse querido a sí mismo más que a la otra persona. Pero la vida no trataba de eso. Las puertas estaban destinadas a cerrarse para abrirse después, el viento y la luz cesaban para volver, y el fuego, por mucho que se intentara encerrarlo, siempre acababa encontrando un espacio, por pequeño que fuera, para escapar y seguir ardiendo. Eso era la vida, una puerta abierta, la luz entrando por la ventana, una llama que no se apaga, saber que por mucho que doliera siempre estaría destinado, pese al dolor, a buscar a ese otro por quien dar la vida.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

no me gusta, me encanta...

Carlos Castillo dijo...

¡Gracias Mantuita! Deseando que siga así por mucho tiempo.

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