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Cego´slider

El púgil más fuerte

Desconoce las verdaderas intenciones de su adversario. Hace exactamente dos meses que tiene constancia de su existencia y en este instante está situado en el mismo peldaño. No comprende cómo desde el anonimato más absoluto se puede pretender usurpar el trono con tal inmediatez. Lo observa con detenimiento. Mide apenas un palmo más que él y su extrema delgadez le hace parecer tan frágil como el tiempo, que se va a cada segundo en cada día. De tez clara y pelo negro sus grandes ojos sobresalen de entre una cara chupada y unos pómulos exagerados. Viste chándal gris con detalles en azul marino y deportivas blancas. No parece peligroso; el combate no durará más de tres asaltos. Examina su posición defensiva, carente de toda técnica y ¡zas!, el rival le lanza un directo sobre su cara; se le nubla la vista por un instante y toma posición de defensa cubriéndose el rostro; recibe entonces un gancho sobre sus costillas, otro más y otro; baja un brazo y ¡zas!, de nuevo otro gancho ahora en la barbilla. Cae desplomado al suelo. Recobra la consciencia y se pone en pie. El rival prosigue con sus golpes y el cuadrilátero se hace cada vez más estrecho. Una colección de crochets y swings impacta sobre su cuerpo sin encontrar barrera aparente. En efecto, el combate no duraría más de tres asaltos. Recibe el impacto de un derechazo sobre su cara y antes de abrir los ojos un gancho perfecto le lanza de nuevo contra el suelo. Está tendido sobre la fría lona. La semana anterior derrotó sin oposición alguna al rencor; estaba acostumbrado a la victoria y nada ni nadie había podido hasta entonces apartarla a ella de su lado. Esta vez parecía diferente. El olvido tenía fama de ganar todas las batallas desde el momento en que hacía acto de presencia; sus golpes eran letales. Tan solo las cartas y fotografías de ellos dos, y tal vez alguna canción, podrían impedir una victoria segura, un recuerdo perdido, un adiós sin reposar.

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