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¿Qué es La Estación Prohibida?



Te presento una forma diferente de invertir esos pocos minutos que, tal vez, se pierdan a lo largo del día, para leer algo más, diferente o no, original o no, de tu gusto o no; detente un instante y lee; quizás regreses.





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Cego´slider

Desde la otredad


Dónde nacen los cantos que se escuchan
cuando el tiempo entre la brisa de ayer
se detuvo ante la sombra concreta
de lo que no aparece,
de lo que no será,
la exclamación exacta e imposible
de un falso resultado matemático:
la ecuación sin fin de un amor prohibido,
la verdad que se esconde en la mentira.

Dónde mueren las excusas, reproches
de un silencio que se muestra errado
desde el insulto que se apaga en eco,
la vida que vivimos
huyendo de los otros,
sus majestades a quienes rendir
obligadas pleitesías inciertas,
encriptadas metáforas,
limosnas sin perdón.

Necesidad innata a no estar solo
y cuando se está solo a separarse;
leyes de asociación desconocidas,
saberse uno mismo
en la mirada ajena,
no entender, por contra, el sentimiento
que aproxima lo opuesto a ser uno
y en la última conjunción astral
dejar que nos venza el adiós maldito.

Y no es en la despedida fantástica
donde el dolor, el fracaso y la muerte
brindan el logro obtenido con sangre,
sino cuando olvidamos
que mortales aún somos,
que sin noches, mares, auras ni tierras
seguirán buscándose nuestros cuerpos,
presos de la memoria o
víctimas del rencor.

Cuándo surge la obligación opuesta,
precisar de inmediato la distancia
constatar la escasez que quedará
y sin embargo huir
hacia el vacío eterno,
querer que nadie espere al otro lado
saber que nadie ríe y sigo vivo,
sabiendo que es el otro el que agoniza
queriendo ser yo mismo quien no muera.

Cuándo se apaga lo que ya ha dejado
de existir por lógica temporal
dando paso a la bisectriz ansiada,
tus preguntas eternas
mis silencios perfectos,
la anacronía de este verso escrito
que adelanta lo que aún no acontece,
el reflejo incorrupto
de tu imagen fingida.

Desde el preciso instante en que se miente,
cuando los pasos pesan sobre el cuerpo
y se ha escindido la culpa de cuajo,
desde el silencio absurdo
en la respuesta etérea,
las luces comienzan a distanciarse
y el vacío oscuro que se produce
no solo ciega a aquel que no se oculta
sino que mata a aquel que se ha escondido.

Se busca apresuradamente al otro,
constituyente exacto de este cambio en
que aparece el olvido en su victoria,
saberte marchitada
dormido en la afonía,
y omitir contra el viento lo imposible
deseando lo ajeno que hace impar,
perderte y no evitarlo
buscarla y alejarte.

Cómo esperar cuando no queda nada,
si el azul horizontal infinito
es la prueba irrefutable y precisa,
la intersección perpetua
entre nosotros dos,
si tal vez uno es otro y no lo sabe
si tal vez una sea ahora otra
y no lo sepa, mentira y engaño
en el olvido incierto tras la muerte.

Cómo partir si el recuerdo de ayer
será siempre más largo que mañana,
si aunque se seccione nuestra memoria
nunca seremos dos,
incógnitas perdidas,
la suma irracional de nuestras voces
el recuerdo feroz de nuestros besos,
anhelar lo querido,
perecer lo olvidado.

Callando, brindando al tiempo la espera
de saber que estás solo y solo un día,
el verso que no escribes en su nombre,
la letra que no acaba
pese a creerse siempre,
el terrible adiós que nunca diremos
y sin embargo siempre quedará;
dejar de existir para y en el otro,
saber entonces que no se ha vivido.

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